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Sangrar

Escrito por las patitas de Cucaracha en su guarida viernes, diciembre 13, 2013

 A veces escribir no consiste en escribir. A veces, primero, escribir consiste en pensar.

Soy una persona que escribe pensando la mayor parte del tiempo. Me gusta escribir pensando antes de escribir escribiendo. Así es como se escribe planeando; cerrar bien todos los cabos sueltos, asentar la estructura y las bases, lo que será y lo que no podrá ser, y luego moldear el contenido tratando de dar el mejor uso a cada palabra, de impregnarlas del sentimiento y la forma que se destilaba en el instante en el que la historia se escribía en el pensamiento. No es algo sencillo, pero sí placentero y satisfactorio.

Pero hay momentos en los que, simplemente, no hay tiempo para pensar. Cuando el contenido supera a la necesidad de obtener una forma estable, cuando lo que impera es derramar ese torrente de pasiones sobre el vocabulario y la gramática, pugnando a arañazo limpio por salir de su cautiverio, no hay cabida para planteamientos lógicos; únicamente puedo entonces sangrar las palabras sin control ni medida, hurgar en la llaga y entregarle las riendas al flujo caótico, al contrario de lo que suele suceder. Son las ocasiones en las que escribo sangrando.

Evaluando fríamente mi trayectoria, me doy cuenta de que mis obras más conmovedoras, las que más se clavan y se aferran al recuerdo, son retazos rasgados e incoherentes de textos manchados de sangre.
Sé que probablemente nadie más llegue a leer esos textos, pues tampoco tengo un gran empeño en que así sea. Pero siempre será inevitable que en aquellos escritos que sí espero que lleguen a ser leídos —no hay que dejar de luchar por ello— quede un rastro tenue de sangre, tan diluido que cueste distinguir los puntos exactos en los que se vertieron las gotas.


Mientras esto sea así, por mucho que mute mi estilo o maduren mis ideas… mis escritos seguirán siendo míos. Completa e indudablemente míos.

"Eso es para aborrescentes"

Escrito por las patitas de Cucaracha en su guarida jueves, julio 05, 2012

Hace poco, curioseando por los comentarios de un pequeño debate que se había formado espontáneamente en una web acerca de un libro juvenil, me encontré de pronto ante una idea que, yo creía, había quedado obsoleta. Lo creía hasta el punto de pensar que sólo los más tradicionalistas, los más prejuiciosos opinaban ya de esa manera. Pero entonces me di cuenta de que esa idea se repetía una y otra vez en boca de distintas personas, demasiadas veces como para ser una casualidad, obligándome a aceptar al final que se trata de algo más arraigado.

Los comentaristas a los que me refiero remarcaban lo mucho que les había gustado el libro y por ello negaban fervientemente que se tratara de literatura juvenil.

Es extraño cómo todavía se piensa en la literatura para jóvenes como un género de escasa calidad, un ejemplo a evitar para los escritores que pretenden crear novelas buenas. Al parecer éstas van a parar a manos de los lectores adultos, mientras que las obras con narrativa pobre, personajes de cartón piedra y argumentos de chiste acaban poblando las estanterías de los adolescentes. Lo mismo con las obras del género fantástico y una parte considerable del de ciencia ficción, aunque eso ya puede considerarse un tema aparte.

Lo triste del asunto es que esta visión no pertenece únicamente a lectores (los cuales, me atrevo a decir, seguramente no hayan ahondado demasiado en esta literatura para jóvenes), sino también a diversos escritores y editores. Cuando lo primero— dentro de lo que cabe— no es tan grave, dado que siempre existirá diversidad de opiniones y prejuicios entre los lectores (y para ello existen diferentes géneros), en los otros casos puede haber consecuencias remarcables. Prolongar esta clasificación de los libros para jóvenes como literatura "de menor rango" por parte de aquellos encargados de generar y moldear los títulos lanzados al mercado no hace más que provocar el surgimiento de obras que cumplen estas características de pobreza literaria. Por así decirlo, si un escritor escribe una novela malilla sin dar lo mejor de sí mismo porque tiene claro inconscientemente que “es para adolescentes”, y luego un editor considera que semejante cutrez es suficiente para contentar al lector joven, la dichosa novela mediocre acaba en manos de un adolescente desprevenido. Por desgracia, es algo que está sucediendo más de lo que me gustaría.

Ahora me veo en la necesidad de citar a la escritora Laura Gallego; hay a quien le encanta y también quien no soporta sus libros, pero lo que no se puede negar es que es una mujer consecuente con sus principios. Uno de ellos es defender a capa y espada la literatura juvenil. Así, cuando le preguntan que cuándo piensa escribir algo para adultos, ella embiste con una pregunta mejor: “¿Y para cuándo la valoración del lector joven como alguien que tiene el mismo derecho a leer, y es igual de crítico, igual de lector e igual de persona que el lector adulto?”

Esa es una buena manera de expresar lo que venía queriendo decir. Escribir literatura juvenil, le pese a quien le pese, no se trata de ofrecer historias facilonas. La adolescencia es una etapa complicada, inestable, un proceso de desarrollo y maduración en el que es importante expandir las fronteras mentales en una dirección adecuada; es por ello que los jóvenes que se inician —o prosiguen—en el recomendable ritual de la lectura necesitan obras de calidad, adecuadas para su edad y su visión del mundo y de la vida. Así pues, lo que determina que una novela sea juvenil no es el primer factor (calidad o falta de ella), sino el segundo; la manera de transmitir la historia, los valores encerrados en ella, el interés que es capaz de despertar en los jóvenes (y, en muchas ocasiones, en los no-tan-jóvenes).

Claro que habrá bazofias que arrasen en el mercado juvenil. Claro que puedes vender un romance pasteloso de pegatina y ganar una ristra kilométrica de fans histéricos exigiendo una segunda parte y la película. Pero lo mismo sucede en todos los mercados, no sólo en el juvenil y, por supuesto, no sólo en el ámbito literario. Cierto que hace relativamente poco tiempo que los libros para jóvenes empezaron a tenerse en mejor estima, pero a estas alturas no me parece una actitud adecuada. Un respeto a la literatura juvenil buena, indispensable en la formación de un joven lector. Y, por favor, no dejéis que las modas huecas empañen esta idea.

Métodos de escritura: el informe de contexto

Escrito por las patitas de Cucaracha en su guarida martes, febrero 28, 2012

A mí me gusta experimentar con lo que escribo. Y no solo con la temática y el estilo en sí, sino también con la forma de trabajar el texto. Ahora mismo estoy manos a la obra con un libro que llevo unos meses planeando, y que ya estoy a punto de empezar definitivamente. Pero antes de eso, he decidido plantearlo de otra manera; antes de redactar lo que viene a ser la novela, estoy escribiendo lo que yo llamo un informe de contexto.

Esto es, ni más ni menos, que las clásicas descripciones generales (sobre escenarios, culturas, personajes, etc) que se asientan antes de escribir la historia. Hay mucha gente que las utiliza; algunos las escriben, otros simplemente tienen la información en su cabeza. Hay también quien prefiere improvisar, pero no es mi caso.

Hasta ahora, yo siempre he sido del grupo que mantiene las cosas claras en la cabeza y las va desarrollando a la misma vez que redacta la historia, y por esta vez he decidido cambiar de táctica. Lo que estoy haciendo es un texto que describe de forma extensa las diferentes civilizaciones que aparecen en el libro, sin adentrarme en los personajes. La verdad, ahora que me he puesto a ello, lo encuentro bastante útil, sobre todo a la hora de escribir alguna historia de tipo fantástico que requiera el diseño de toda una cultura, con su historia, política, religión, costumbres, etc. Me está resultando apasionante este pequeño dossier, casi tan entretenido de escribir como la historia en sí, y me da la sensación de que el resultado va a ser una especie de "libro sobre el libro" que acabaré conservando con mucho cariño. De hecho, a veces me entran ganas de saber dibujar bien para poder comprementarlo con dibujos y esquemas en condiciones.

¿Ventajas que le veo a este método? La sensación de trabajar sobre un pilar sólido. Puede que tenga que esperar a terminar mi historia para opinar, pero pienso que si tú mismo posees ese sentimiento previo de estar escribiendo sobre algo ya cimentado, es posible que el texto gane en credibilidad. A lo mejor soy muy idealista, pero creo que el lector podría notar la diferencia desde fuera.

¿Y qué pienso de las desventajas? Pues una vez más hablo antes de tiempo (más que analizar el método estoy haciendo predicciones, me parece a mí), pero me veo venir que machacar esos determinados aspectos del contexto de la historia podrían restarles espontaneidad y frescura a la narración a la hora de la verdad. Por otro lado, personas muy despistadas (como una servidora) corren el riesgo de dar por sentados datos que, creyendo haber incluido en la novela, tan solo hayan mencionado en el informe pero que luego se hayan pasado por alto. Tendré que tener cuidado con eso; benditos sean esos familiares y amigos que hacen las veces de correctores particulares.

Salga como salga, la verdad es que estoy muy ilusionada con este pre-proyecto. Lo estoy cogiendo con tantas ganas como en su día comencé el proyecto en sí. Ya veremos cómo terminan las cosas, y si me arrepiento o no de andar experimentando con informes y preámbulos.

¡Nos vemos!

El personaje X

Escrito por las patitas de Cucaracha en su guarida miércoles, septiembre 07, 2011

Siempre, en todas las novelas que escribo, acaba por aparecer el personaje X. Bueno, miento; no en todas absolutamente. Por ejemplo, en el libro que me van a publicar no ha habido ninguno de este tipo; tal vez porque, al ser una historia algo más infantil, me he tomado la licencia de no profundizar tanto en los personajes y centrarme más en la historia. Pero, como decía, en la gran mayoría de las novelas que escribo (o, al menos, que planeo escribir) siempre termino enfrentándome a un personaje X.

¿Y se puede saber qué es eso? Pues, básicamente y en mi propia terminología, el personaje X es el tocanarices oficial de la historia. No para el lector, sino para el propio escritor. Ese tipo de personaje difícil, muy difícil. Difícil de plasmar por escrito, de reflejar en la narración como a ti te gustaría o, simple y llanamente, difícil de entender por completo aun siendo un producto de tu propia creación.

Los personajes X son mi perdición. Para mí son todo un problema; si al final resulta que escribir sobre él/ella es una tarea que me viene grande, el maldito personaje puede acabar ensuciando una historia que tenía totalmente controlada, que avanzaba en la dirección exacta en la que quería que avanzase. Pero, ¿y si al final lo consigo? El resultado es mucho mejor, sin ninguna duda. Así que la verdadera cuestión es: ¿merece la pena meterse en tantos berenjenales o más vale optar por hacer algo sencillo pero bien?

Por desgracia (o por suerte), casi nunca tengo opción de elegir. Confieso que soy completamente adicta a los personajes X. Es por eso que son mi perdición, porque aparecen sin ser llamados y luego nunca quieren irse. Una vez vienen a mí, me resulta imposible echarlos de la historia a la que tan bien se han amoldado. Así que, lo quiera o no, siempre termino con el marrón de tener que plantarles cara. 

Lo gracioso es que, por muy tocanarices que puedan llegar a ser, los personajes X son una de las mejores cosas que tiene el escribir.  Me encanta mucho, mucho, escribir sobre personas (o seres en general) con una personalidad y una visión de la vida totalmente opuesta a la mía. Ponerme en su piel y convertir a mi contrario en mi semejante. Cuando se trata de inventar y narrar historias, me encantan los retos, y resulta que los personajes X son uno de los retos más seductores. ¿Será por eso que no dejan de aparecer? ¿Será que las historias en vías de construcción son un suelo fértil para personajes difíciles a los que riego y abono sin darme cuenta? Quién sabe. Lo que sí sé es que a veces me siento un poco bipolar con esta extraña relación amor-odio que mantengo con ellos.

Porque esos maravillosos y malditos personajes X, esos a los que tanto odio y adoro, son unos de los principales causantes de que me cueste tanto terminar las historias que empiezo. Porque me entusiasmo con ellos cuando son recién llegados a mi imaginación y pienso "¿Por qué no? Es una locura tan grande que tiene que funcionar". Y después, a la hora de la verdad, me resultan tan imponentes que me hacen achicarme y retroceder sobre mis pasos, pensando que no fue tan buena idea. Tiene huevos que un producto de mi imaginación tenga más autoridad que yo.

Así que tengo que confesarlo: nunca he conseguido dominar totalmente a un personaje X, y no por falta de intentos. Estuve cerca de conseguirlo una vez, pero no pude porque la historia en sí no se sostenía sola y tuve que abortar el proyecto indefinidamente, con más de 400 páginas escritas. Fue una decisión difícil que me llevó años tomar, porque me resultaba duro abandonar a aquellos personajes con los que tanto me estaba familiarizando ya. Incluido el personaje X.

Pero esto no tiene por qué seguir así. Como aún faltan unos meses para año nuevo, he decidido hacerme un propósito firme de fin de verano: en el próximo proyecto, ese en el que estoy asentando los pilares ahora mismo, me enfrentaré al personaje X y lo venceré. Terminaré la historia, cueste lo que cueste. 

Si el resultado será el esperado o no... Eso ya lo veremos.

Engranajes

Escrito por las patitas de Cucaracha en su guarida miércoles, agosto 31, 2011

Qué casualidad que hoy haya amanecido lloviendo, con el agua que cae en los días especiales.

En mi guarida no ha llegado realmente a amanecer. Cuando la luz diurna, gris y nebulosa, ha entrado por el cristal abierto al principio de mi jornada, la atmósfera cerrada de una noche fecunda se negó a abrir paso al despertar, a la evanescencia de los sueños nocturnos; no hubo sol tan fuerte como para arrastrarme a un nuevo día, y conmigo a ese constante ruido de engranajes que me había acompañado desde que había abandonado la calidez de mis sábanas.

Un día extraño, hay que ser sinceros. No más que una sucesión de horas de pocas palabras, de silencios llenos con una melodía mística que no cesa en algún rincón de mi cabeza, de evitar más compañías que la de mí misma y mi convulso entramado de pensamientos. Un día extraño experimentando altos grados de autismo, recogiendo el ancla clavada en los fondos abisales de la realidad y navegando a la deriva. Sin un sol que me despertara, ¿quién me iba a impedir izar las velas? ¿Quién me iba a detener, encarrilada como ya estaba hacia esa nueva obsesión, esa semilla que por fin hoy, y no otro día, se ha aventurado a nacer a los brazos de mi mente? 

Habrá sido tal vez la lluvia la que le ha permitido brotar. La lluvia y su susurro de fondo. La música que en realidad no suena pero que me acompaña allá donde vaya. El fantasma del murmullo de un aleteo, e imágenes que manan como latigazos, mostrando recuerdos de cosas que nunca he vivido pero que no tardaré en hacer míos. Y, junto a todo ello, el constante ruido de los engranajes de una nueva idea que empieza a funcionar.

El sonido de un nuevo proyecto, una nueva historia que dar a luz.

Replanteándome la poesía

Escrito por las patitas de Cucaracha en su guarida domingo, abril 03, 2011

Últimamente estoy empezando a considerar la opción de volver a escribir poesía. Es raro pensarlo, porque ya había decidido dejarla definitivamente al ver que no era lo mío.
Aunque, si me paro a pensarlo, no es descabellado del todo; mis primerísimos pasos como escritora estaban llenos de versos. Recuerdo uno de mis primeros escritos, no sé si el primero del todo o alguno de los que le siguieron. Se trataba de un poema muy sencillo (no se esperaba otra cosa, con mi escasa edad) titulado El sol gris, que trataba de un sol que estaba triste porque no podía brillar. ¿Qué edad tendría? No me acuerdo. Sí sé que se lo enseñé orgullosa a todo el mundo, incluida una amiga de entonces que me dijo muy convencida algo así como: "Pues me han dicho que si alguien escribe cuentos y esas cosas cuando es pequeño, es que va a ser escritor de mayor. Así que tú vas a ser escritora". Ironías de la vida, yo se lo negué, diciendo que no quería ser escritora de mayor, cuando ahora es la meta que persigo.

Volviendo al tema, durante mi infancia llegué a escribir un libro de poesías sobre cualquier cosa que se me ocurría, recopilándolos en una agenda de solapas duras que yo trataba como un valioso libro en blanco que rellenar (de hecho, llegué a escribir bastantes cosas en agendas de años pasados). Más adelante, exceptuando alguna tarea expresa del colegio o el instituto, no volví a retomar la poesía hasta la adolescencia. Y me animé cuando compuse un poema que me gustó, aunque hoy me doy cuenta de que es demasiado cerrado y reconcentrado; quería decir, pero al final no terminaba de decir nada. Creo que se debía a que, por aquel entonces, sentía bastante pudor a la hora de dejarme llevar al escribir. Al fin y al cabo, la poesía es como una ventana abierta al alma, y si uno abre la ventana pero se apresura a bajar las persianas que hay detrás, la cosa acaba en un cúmulo de palabras rebuscadas chocando entre ellas y sin ningún trasfondo. Ése fue uno de los motivos por los que decidí dejarlo, aunque hay alguno más aparte de éste, el hecho de que los poemas que vinieron después me parecieron forzados y penosos, y el darme cuenta de que no era capaz de escribir más de una poesía satisfactoria en un periodo de tiempo bastante grande. 

Y la razón principal era la tremenda limitación que suponía para mí la rima. Había estudiado algo la poesía, y tenía metida en la cabeza la teoría de la creación de poemas, una serie de reglas rígidas en las que cada desviación del guión estricto te quitaba 0'5 puntos de la nota. Todos los versos deben medir tantas sílabas, y si la palabra final es aguda hay que sumarle una más; al menos los versos pares deben rimar, ya sea de forma asonante o consonante; si un verso tiene ocho sílabas, ni se te ocurra dejar que el siguiente mida trece. Así que ya no sólo tenía que dejar fluir unas ideas bastante densas entre los huecos de la persiana, sino que tenía que ajustarlos y procurar que no se salieran del molde. Tanto esfuerzo me suponía que lo abandoné por completo, convencida de que no lo hacía bien y, lo más importante, no disfrutaba haciéndolo.

Después de unos años, seguí leyendo poesía. Clásicos y no tan clásicos; admito que no es un género del que haya leido demasiado, pero lo suficiente como para abrirme los ojos. Tardé, pues, bastante tiempo en darme cuenta de que, cuando escribes en privado, las únicas reglas que existen son las que tú mismo estableces. Empecé a perder el miedo a abrir por completo esa ventana y mis textos empezaron a llenarme más y mejor, ahora que contaba con una nueva libertad. El verdadero placer de escribir.

Sin embargo, ahora me encuentro con una nueva frustración con la que no contaba; seguro que todo aspirante a escritor, pintor o demás que lea esto me comprenderá cuando hablo de esos momentos de inspiración suprema en los que un torrente de sentimientos fluye a través de ti y necesitas plasmarlos de alguna forma, de cualquiera, antes de que se evaporen. He tenido que dejar marchar muchísimos de esos momentos tal como vinieron, porque no supe qué hacer con ellos. ¿Cómo introducir esas ideas en una historia, en un relato o novela, cuando muchas son totalmente inverosímiles?. Así que empecé a escribir lo que yo llamo "delirios", almacenados en una carpeta con el mismo nombre. Eran documentos llenos de frases inconexas e imágenes oníricas dibujadas con palabras a menudo sin sentido, en un intento de captar lo máximo de ese torrente de sensaciones. En ese sentido lo he conseguido; cuando los releo, puedo revivir parte de los sentimientos que me llevaron a escribirlos, que es su finalidad al fin y al cabo, por encima del estilo y la sintaxis. 

Y, volviendo al planteamiento, se me ha venido a la cabeza la idea de convertir mis delirios en poemas. ¿Por qué no? Ambos son, en cierto modo, ventanas abiertas al alma. Así podría transformar esos torrentes de inspiración en textos más definidos, algo que tal vez pueda dar a leer sin sentirme violada. No tengo prisa en hacerlo, pero no lo descarto. Al menos, mientras me decido, siempre me queda mi carpeta de delirios esperando que descargue mis ensoñaciones en ellos.

Bueno, esto es todo por hoy. Solo me queda animar (y no hace falta que lo diga, pues podéis hacerlo siempre) a cualquier persona que lea esto y que también se haya decidido a escribir poesía, a que cuente su experiencia. Los comentarios están siempre abiertos =)

¡Nos vemos!


"Sing what you can`t say, forget what you can`t play.
Hasten to drown into beautiful eyes.
Walk within my poetry, this dying music - my loveletter to nobody".

Dead boy's poem.

Campaña de apoyo a los nuevos autores

Escrito por las patitas de Cucaracha en su guarida martes, septiembre 21, 2010

Bueno, como no soy un as de la bloggosfera y voy a pasos pequeños (que yo no digo nada, a lo mejor de aquí a un año soy una experta que domina todos los secretos de internet X3 ), acabo de descubrir hace poco una iniciativa que llevaba un tiempo rondando por la red, y que me ha gustado bastante.




Así es, una campaña de apoyo a los autores nuevos que, como muchos en este mundillo bloggero, buscan una oportunidad literaria. Como se dice, la unión hace la fuerza, y si nos apoyamos uno a otros tendremos más relevancia que si luchamos por separado. Así que... ¿te apuntas?

Para unirte a la iniciativa basta con que coloques el banner oficial en tu sitio web o, simplemente, que lo difundas. (No, no hace falta hacer donativos, tranquilidad XP). Encontrarás el cógido del banner y más información haciendo clic en la imagen, o en el propio banner colocado más abajo en el menú de la derecha. ¡Gracias por vuestra atención!

(¡Vaya, estoy recuperando el ritmo de publicación de entradas! Cómo se nota que ya empiezan las clases...)




"Will we find each other in the dark,  
my long lost love..."

Beauty of the beast.
 

20 consejos para ser un buen escritor

Escrito por las patitas de Cucaracha en su guarida sábado, septiembre 18, 2010

He leido esto por ahí y me ha hecho gracia. Aquí están, cucarachiles amigos míos, las veinte pautas definitivas que todo aspirante a escritor ansía conocer para poder llegar a ser un profesional:


1. Lo primero: conoser vien la hortografia.

2. Cuide la concordancia, el cual son necesaria para que usted no caigan en aquello errores.

3. Ponga comas puntos signos de interrogacion o dos puntos rayas siempre que corresponda si no poco se entienden las relaciones entre las palabras la jerarquía entre las ideas. Y cuando, use los signos de: puntuación, póngalos; correctamente!,

4. Lo mejor es esquivar la reiteración de sonidos en la oración. La proposición es buscar una opción que no rime con lo dicho con antelación.

5. Evite las repeticiones, evitando así repetir y repetir lo que ya ha repetido reiteradamente.

6. Trate de ser claro; no use hieráticos, herméticos o errabundos gongorismos que puedan jibarizar las más enaltecidas ideas.

7. Imaginando, creando, planificando, un escritor no debe aparecer equivocándose, abusando de los gerundios. Tratando siempre, sobre todo, de no estar empezando una frase con uno.

8. Correcto para ser en la construcción, caer evite en trasposiciones.

9. Tome el toro por las astas, haga de tripas corazón y no caiga en refranes comunes. Calavera no chilla.

10. ¡Voto al chápiro!... creo a pies juntillas que deben evitarse las antiguallas que obscurecen el texto.

11. Si algún lugar es inadecuado en la frase para poner colgado un verbo, el final de un párrafo lo es.

12. ¡¡¡Por el amor de Dios!!!!, no abuse de las exclamaciones. NI de las mayúsculas. Recuerde, además, que la cantidad de puntos suspensivos es siempre fija...... (¡solo tres!)

13. Pone cuidado en las conjugaciones cuando escribáis.

14. No utilice nunca doble negación.

15. Evite usar el adjetivo "mismo" como si fuera un pronombre; el mismo está para otra cosa.

16. Aunque se use poco, es importante emplear los apóstrofe's correctamente.

17. No olvide poner las tildes que correspondan. Mas aun cuando es importante conocer cual es la significacion de una palabra, en caso de que haya una opcion con tilde y sin ella.

18. Procure "no poner" comillas "innecesariamente". No es un recurso para "resaltar" sino para "mencionar" una "voz ajena" al texto.

19. Procurar nunca los infinitivos separar demasiado.

20. Y con respecto a frases fragmentadas



¡Aquí está la clave! ¡Lo hemos conseguido, señoras y señores! ¡Eureka! (Me ha encantado la última xD)

Nada, nada... mucho me temo que no hay reglas infalibles sobre el tema. La única forma de aprender que nos queda es escribir hasta que nos sangren los dedos, leer hasta que no queden páginas por pasar y vivir hasta que nos abandone la vida. Lo malo es que, cuando lleguemos a ser grandes escritores (si es que llegamos), me temo que no sabremos explicar a la nueva ola de jóvenes aspirantes cómo hemos llegado hasta ahí. 

Aunque, por supuesto, yo soy una inexperta aspirante más y sólo puedo hacer conjeturas.



"Fly to a dream, far across the sea. All the burdens gone, open the chest once more.
Dark chest of wonders, seen through the eyes of the one with pure heart, once so long ago..."

Dark chest of wonders.

...y un gran paso para mí

Escrito por las patitas de Cucaracha en su guarida miércoles, agosto 18, 2010

Hace unos meses escribí un post sobre la decisión de tomar las riendas de mi vida y dejar de esperar a que las cosas sucedan por sí mismas. Y sí, empecé a cumplir mi autopromesa bloggera y apliqué esa determinación en varios aspectos de mi vida. Sin embargo, hoy es un día importante para mí, ya que ha sido hoy cuando he empezado a cumplirla respecto a mi meta, mi sueño... ahora mi objetivo de conseguir publicar mis historias. Hoy he enviado una novela a un concurso. Mi querido librito anda ahora dentro de un paquete estrecho, junto con otros clones suyos, rumbo a la gran ciudad donde será leído y evaluado.

Bueno, para ser estrictos, ese "gran día" del que hablo fue más bien el día en que tomé la decisión de hacerlo, de destinar aquella novela ligera y humorística a participar en un premio literario, sólo por probar suerte. Así fue como me lo dije, justamente así: "Vamos a probar suerte". Incluso creé una carpeta en el escritorio de mi portátil con ese nombre, para guardar los documentos que iba escribiendo. No lo he hecho porque crea que mi novela sea una aspirante fuerte a ganar el premio porque, sinceramente, no lo creo. La considero entretenida, ligera, y me disfrutado muchísimo escribiéndola (tanto que, después de terminarla (tras haber pasado semanas, un día tras otro, escribiendo de forma intensiva), incluso sentí ganas de llorar por un momento). Pero no creo que vaya a ganar. ¿Para qué la envío, entonces? Pues, como he dicho, por probar suerte.

Porque, ¿quién sabe? A lo mejor mi novela consigue llamar la atención de alguien y acaba por ser publicada, como pasa en muchas ocasiones. O puede que no, y pase sin pena ni gloria... no lo sé, procuro no pensar mucho en ello; ya he echado la papeleta, y ahora me olvidaré del tema y seguiré escribiendo. Porque la verdadera razón por la que lo he hecho ha sido para sentir que estoy haciendo algo, luchando por conseguir lo que quiero. La primera y única vez que me presenté a un concurso, yo aún era una enana que no sabía buscar un concurso que se ajustara a mi forma de escribir, y no tenía ni idea siquiera de a dónde estaba enviando mis escritos. Recuerdo que era un concurso pequeño, organizado por un ayuntamiento de un pueblo cercano, y me enviaron una carta invitándome a asistir a la ceremonia en la que se entregarían los premios. Fui con toda mi ilusión, acompañada por mis padres. Por supuesto, no me comí una rosca. Pero, por lo menos, salí de allí con una experiencia más que anotar, y habiendo pasado una agradable velada escuchando a un cantautor en busca de reconocimiento. Luchando por lo que quería, igual que yo. Todavía recuerdo su voz, y el estribillo de un par de sus canciones.

Y, desde entonces (y merezco un buen capón por ello) no he vuelto a terminar nada de lo que he escrito. Todo lo he ido dejando a medias, pues ninguno de mis relatos me convencía o me animaba a seguir. Años y años en letargo... en serio, cada vez que lo pienso me entran ganas de autocastigarme al estilo Dobby. Hasta que, por fin, esta primavera, conseguí terminar algo. Fue una tontería, un relato sobre un momento de pánico que sufrí en determinado momento, una especie de homenaje a El cuervo de Poe desde mi propio punto de vista, pero el caso es que me gustó el resultado. Y me animé a seguir, reviviendo novelas que había dejado en un cajón, escribiendo más relatos cortos... Y al final empecé con otra novela, una bastante cortita. Y me propuse acabara, costase lo que costase.

Por eso, cuando esta mañana la encargada de la papelería (que estaba de los nervios, porque tenía mucho trabajo por hacer a causa de los exámanes de recuperación del instituto) por fin me ha entregado mis copias encuadernadas, cuando he podido sentir el peso de las hojas de papel, pasarlas, leerlas y decir mentalmente "esto lo he escrito yo", la sensación ha sido indescriptible. Hacía demasiado tiempo que no podía experimentarlo. Lo había conseguido.

Así que, sea cual sea el porvenir de mi historia, lo verdaderamente importante es que he dado el primer paso hacia un camino que siempre soñé con recorrer, y que ahora está más cerca que nunca.

PD: ¡Por fin actualizo, que llevo todo el verano durmiéndome en los laureles! Sin darme cuenta, se me ha pasado el primer cumpleaños del blog. ¡No me puedo creer que esto siga vivo después de un año!
Tengo pensado colgar unas cuantas entradas, una "crónica por fascículos" sobre el viaje que he hecho durante las vacaciones, recorriendo los pueblos del camino de Santiago francés. Tengo escritas la mitad, aunque también pensaba poner algunas ilustraciones... Eso ya me lo pensaré, que tampoco es que sea un as dibujando (XD). A ver si las voy colgando poco a poco. Ha sido un viaje muy bonito y, en cierto modo, ha cambiado mi forma de ver algunas cosas. estoy deseando recorrer el camino a pie, en cuanto tenga oportunidad.

Generación de personajes no agraciados

Escrito por las patitas de Cucaracha en su guarida domingo, febrero 28, 2010

Hay una escena bastante curiosa que se está repitiendo en mi día a día últimamente. Situación: charlando tranquilamente con alguien acerca de la novela con la que estoy experimentando en este momento (no con alguien que espera la mínima oportunidad para cambiar de tema disimuladamente, sin que se note mucho; alguien a quien realmente le interesa la conversación, ya sea porque muestra interés en conocer el fruto de mi trabajo o porque le hace gracia el hecho de que quiera dedicarme a escribir). Concretamente, después de la inevitable pregunta “¿Y de qué va?”, el tema se desplaza a los personajes. Cuando me llega la hora del “¿Cómo es el protagonista?”, y dándome cuenta de que insiste en obtener primero la descripción física, empiezo a enumerar sus rasgos característicos. Como no quiero dar una impresión global equivocada, para finalizar el retrato improvisado hago una declaración simple, rotunda, a lo bestia: “Es feo”. Y después de esto, a lo que quería llegar, viene la cara extrañada de la otra persona mientras pregunta desconcertado “¿Por qué?”.
Todavía no me explico por qué se da esta situación tan a menudo. ¿A qué viene ese asombro? ¿Acaso las personas necesitan una causa por la que ser feas? Entonces, ¿por qué iba a necesitarla un personaje, concretamente un protagonista? Centrándonos únicamente en la intención del éxito literario, los amantes de los estereotipos sociales contestarían en seguida; porque los protagonistas guapos tienen más éxito. La belleza vende. Es mucho más gratificante leer la historia de una persona atractiva, que se gane el deseo de más de un personaje, una persona de la que el mismo lector podría enamorarse platónicamente con facilidad. Es lo suyo; un héroe guapo. Por supuesto, todos sabemos que esto no es factible; es lo malo que tiene ser un “estereotipador social”, que te salen tantas excepciones por todas partes que tu esquema inicial acaba por ser incorrecto. Pero de los estereotipadores ya hablaremos en otra ocasión.
Basta con echar un pequeño vistazo a las estanterías para darse cuenta de que, saliéndonos de la línea puramente comercial, los personajes sin evidente atractivo físico no tienen peor acogida que los que sí lo poseen. Por eso me chirrían los oídos cuando oigo esa pregunta en boca de mi amigo. Lo peor es que sigue atacando con preguntas peores: “¿Tiene alguna malformación?” (no recuerdo haber comentado nada de eso en la conversación, pero parece que cualquier opción es válida en su terquedad; no le da la gana aceptar que el personaje, simplemente, es feo y punto); “¿Pero se volverá guapo al final?” (casi puedo ver la cara de Betty la fea en sus pensamientos); “Entonces, es como una vía para enviar un mensaje de fondo sobre la superficialidad de la belleza física y la importancia de la belleza interior o algo así, ¿verdad?” (llegado este punto ya dudo si confesarle que mi personaje no tiene una personalidad especialmente atractiva ni admirable y que en la historia no hay ninguna relación amorosa a lo Disney; está tan empecinado que casi temo que se ponga a llorar si se lo digo).
Bueno, éste ha sido el único caso extremo que he presenciado; los demás aceptaban antes los hechos, aunque el “¿Por qué?” inicial era común, y suficiente para exasperarme. Porque considero que los personajes pueden convertirse en algo mucho más interesante, mucho más profundo, si uno no deposita tanta atención en la capa externa y procura sumergirse en el interior. Porque, de esta forma, puedes sentirte alejándote un paso más de la temida trampa, de caer en la red de algún topicazo, de ver a uno de tus personajes, tus “hijos”, convertido en “el típico…” lo que sea… Darte cuenta tú mismo, sin necesidad de críticas hirientes, de que tu personaje posee un esqueleto prediseñado y usado mil veces, vestido con unos tristes harapos cosidos por ti mismo, en un intento de disfrazarlo de personaje original. Sinceramente, prefiero comenzar por crear su propio esqueleto. Los harapos ya vendrán más tarde.

En fin, como veo que me desvío del tema, resumo rápidamente el hilo conductor; no creo que haga falta un protagonista guapo o atractivo para tener éxito literario. ¿El asombro de mi amigo se debe a que no considera que esté dispuesta a escribir una buena novela, un “libro de verdad” como se diría coloquialmente, sino que me limitaré a escribir un fanfiction de longitud indeterminada hasta que se me pase el mono de escribir? ¿Tengo que empezar a preocuparme porque no me toman en serio? La verdad, más que una excusa para reflexionar o para mostrar mi punto de vista protestando por algo, este post lo lanzo desde la perplejidad. Simplemente, no lo entiendo.

Hora de luchar

Escrito por las patitas de Cucaracha en su guarida domingo, enero 03, 2010


En realidad, la hora de luchar llegó hace ya mucho, hace seis años para ser más concretos; el problema está en que no me di cuenta de ello hasta hace muy poco.

Hay personas que sostienen que, si se desea algo con fuerza, si se da todo por alcanzar ese sueño, acabas por conseguirlo; otras posturas más estépticas afirman que nada es seguro, excepto el consuelo de saber que lo has intentado. Sea cual sea el punto de vista, ambas comparten un postulado; si quieres algo, si de verdad lo quieres, has de actuar.

Y el problema de la gente demasiado soñadora, como yo, es que a menudo nos dejamos llevar. Podría aplicarse en muchos sentidos, pero ahora mismo me refiero a dejarse llevar en el tiempo, a dejar que éste transcurra sin pena ni gloria. Nos olvidamos... Bueno, creo que es injusto usar el plural en una confesión como ésta. Me olvido de que, realmente, conseguir mis propósitos, ser la persona que quiero ser depente en gran parte de mí misma. De que, sean breves o duren milenios, todos los viajes comienzan dando el primer paso. Es algo tan sencillo, tan asimilable, que lo olvidé. Y dejé pasar el tiempo entre excusas y quehaceres, experiencias nuevas y otros proyectos... En realidad bastaría con decir "excusas"; el resto puede catalogarse de esa forma.

En fin, mejor tarde que nunca; al menos puedo decir que este tiempo de "paro" me ha servido para madurar un poco más y ver las cosas desde otra perspectiva. Y eso me va a servir como impulso, como sustento, para lanzarme ahora al campo de batalla, a perseguir mi meta.

Desde que me di cuenta (gracias a mi tutora de primero de E.S.O. a la que, aunque no lo sepa, le estaré eternamente agradecida por abrirme los ojos) de que mi mayor anhelo era ser escritora, siempre he vivido amordazada por las inseguridades, por el miedo. Me refiero, por supuesto, a todos esos miedos que sienten los escritores noveles arropados en la inexperiencia; el rechazo, la falta de inspiración, la llegada del posible día en que ese sueño se vea definitivamente frustrado. Por suerte, esa inseguridad no ha afectado realmente a lo que escribo. Me alegra darme cuenta de que ese "problema por solucionar" no me impide abrirme a la hora de escribir, no me obliga a expresarme y a crear historias conforme a la crítica.

Pero someterse al letargo de la inseguridad, al refugio del no hacer nada, a pesar de asegurarme bienestar a corto plazo, me horroriza. Me aterra el final que puede ofrecerme ese refugio, un final apático y frustrante. He decidido pasar, de una vez por todas, a la acción. Voy a trabajar duro, a sufrir caídas y humillaciones, a levantarme a base de fuerza de voluntad. Porque ya va siendo hora de superar esa asquerosa inseguridad. Porque quiero poder decir, no con la boca pequeña sino alto y claro, "al menos sé que lo he intentado".

A éste tipo de posts suelo llamarlos "discursos antes de la batalla", he ahí el porqué del título. Puede parecer repetitivo y cargante al ser leído pero... ¡qué bien sienta escribirlos!
¡Es hora de luchar, joder!



PD: llegué a pensar que había abandonado el blog, pero al parecer sigue vigente (sí, ni siquiera yo sabía qué iba a ser del blog de una cucaracha). Me siento culpable por ponerme a resucitarlo cuando más trabajo tengo por terminar XP







PD numero 2: No puedo pasar sin poner esta cancion: