Soy una extraña cucaracha que escribe desde su guarida. Escribe esas historias que se le ocurren mientras sueña despierta, las que le gustaría que ocurrieran y las que jamás querría que se cumpliesen. Y, en este puerto de ese enorme océano que es Internet, escribe esas cosas que le pasan por la cabeza.
Hoy, mi subconsciente ha confundido el semáforo de los peatones con el de los vehículos. Al principio no me di cuenta, pero ya se encargó de recordármelo amablemente el autobús y su pitido apocalíptico que se dirigieron hacia mí desenfrenados sin bajar de velocidad, haciéndome corretear como una cabra, y la moto que vino hacia mí acto seguido, de la misma forma y por el otro lado. Por lo menos sólo fueron dos, y sigo de una pieza. Eso sí, he llegado a tres conclusiones (probablemente, las tres ciertas); o los exámenes finales desgastan mucho, MUCHO el cerebro; o tengo que dormir más horas y dejarme de trasnochar... O era cierto que mi despiste no es normal.
En fin, escribo esta batallita como recordatorio, ya que hace algunos meses le dediqué un post a la falta de confianza en uno mismo. Me parece justo dedicarle otro al exceso de ésta. Ya sabes, Cucaracha; los extremos no son buenos... Que no te lleven a confundirte de lucecita verde otra vez.
¡Ya queda menos para acabar el curso! ¡Ánimo, si algún estudiante más se pasa por aquí! Os doy todo mi apoyo.
PD1: Ya tengo mi ejemplar de Crypta firmado por Care Santos. Me lo dedica como a Cucaracha en su guarida. Me ha hecho muchísima ilusión que me lo dedicara por este seudónimo. Y también conseguí una firma de Eduardo Mendoza en un Sin noticias de Gurb que ya tenía ganas de leer. Si no recuerdo mal, los primeros dos libros firmados de mi vida, y espero que no los últimos.
Conocí a Nightwish en su día gracias al disco Once. Ahora, me ha entrado la fiebre Nightwish (una fiebre bien fuerte, por cierto) y estoy escuchando los temas más antiguos y también los más nuevos... Me gustan a partes iguales. Tanto que me he comprado el Dark Passion Play y alguien está en vías de regalarme Century Child. Sí, soy feliz.
Volveré pronto con otro post que no tenga nada que ver con éste... qué blog más raro me está quedando, leñe.
Exacto, ya la he visto. Como todo hijo de vecino, supongo.
Creo que mi actitud progresiva después de ver la nueva película de Alicia en el País de las Maravillas puede mostrárnosla muy bien nuestro querido amigo Homer en este vídeo:
Gracias, Homer. (Momentazo xDD)
A lo que iba, sustituyendo “Eso no se come” por “transcurso de la historia demasiado fugaz, diálogos planos y bastante previsible”, y ese “¡Me voy a la escuela de payasos!” por “¡Quiero verla otra vez!”, supongo que queda bastante claro. ¿O no?
Para mí, ahora que pasan los días y se asienta la opinión definitiva sobre la película, hay otras cosas que restan peso al otro extremo de la balanza; la fotografía es preciosa (me ENCANTÓ que la batalla fuese en un tablero de ajedrez, por cierto). La música, en vías de descarga (creo que con eso está todo dicho). Y esos personajes tan geniales, entrañables al máximo… No me canso de decirlo, la “peña de la mesa del té” me recuerdan mucho, por alguna razón, a mis mejores amigas y a mí, en esas ocasiones en las que nos reunimos todas (de hecho, creo que si tuviera que elegir un representante, yo sería la liebre. No sé bien cómo sentirme... ¡Cuchara!). Y la historia… bueno, aprovecho para aclarar que no he leído ningún libro de Alicia. Lo mismo me he perdido un centenar de guiños a los libros, o diálogos enteros sacados de ellos (sé que la película es una historia independiente a ambos, pero siempre puede meterse alguna referencia aquí o allá). De todas formas, opinando como no-lectora de Lewis Carrol, creo que la historia es como cabría esperarse; simple, sencilla, entretenida y sin grandes giros. Con un mensaje claro y principal que podrían esconder otros más retorcidos y ocultos. Al fin y al cabo, aunque sea Tim Burton, también es Disney.
Simplemente, esa es mi opinión; Alicia nos ha dado lo que se esperaba de ella. Igual pasó con Avatar; nos ofrecía un maravilloso espectáculo visual, y ahí lo tuvimos. Nos ofrecía una revolución en el cine, y ya lo creo que se ha dado; ¡menuda avalancha en 3D que se nos viene encima! (Adiós al cine en 2D, por cierto T.T ). Pero desde siempre se vio que la trama no iba a destacar por su novedad u originalidad, y no lo hizo. ¡Todo tal y como se esperaba! Creo que es un caso parecido a éste. Los que esperábamos esos aspectos que la película prometía salimos satisfechos (bueno, yo tardé unos días en reaccionar xD), y los que esperaban una historia compleja y profunda de Alicia en el País de las Maravillas, pues no estarán tan contentos de haber gastado el dinero de la entrada para verla en 3D (eso sí es cierto, de 3D… poquito).
Añado además, ya que lo he mencionado, que me ha gustado el mensaje de la peli. A veces necesitamos una buena hostia para darnos cuenta de quiénes somos, porque dejarse llevar demasiado puede causar estragos en tu identidad. Aunque esa hostia tengan que dártela entre una oruga fumadora y el Galimatazo. Bueno, y también… no hay nada como una buena dosis de fantasía para poner con más firmeza los pies en el suelo.
PD: Sí, le he hecho un lavado de cara al blog. Decidí darle un cambio, y me gustan las tonalidades en verde. PD2: ¡Deseando que empiece la feria del libro de Sevilla! PD3: ¡He ganado el concurso de Crypta, el nuevo libro de Care Santos! =D PD4: ¿En qué se parecen un cuervo y un escritorio?
Hay una escena bastante curiosa que se está repitiendo en mi día a día últimamente. Situación: charlando tranquilamente con alguien acerca de la novela con la que estoy experimentando en este momento (no con alguien que espera la mínima oportunidad para cambiar de tema disimuladamente, sin que se note mucho; alguien a quien realmente le interesa la conversación, ya sea porque muestra interés en conocer el fruto de mi trabajo o porque le hace gracia el hecho de que quiera dedicarme a escribir). Concretamente, después de la inevitable pregunta “¿Y de qué va?”, el tema se desplaza a los personajes. Cuando me llega la hora del “¿Cómo es el protagonista?”, y dándome cuenta de que insiste en obtener primero la descripción física, empiezo a enumerar sus rasgos característicos. Como no quiero dar una impresión global equivocada, para finalizar el retrato improvisado hago una declaración simple, rotunda, a lo bestia: “Es feo”. Y después de esto, a lo que quería llegar, viene la cara extrañada de la otra persona mientras pregunta desconcertado “¿Por qué?”.
Todavía no me explico por qué se da esta situación tan a menudo. ¿A qué viene ese asombro? ¿Acaso las personas necesitan una causa por la que ser feas? Entonces, ¿por qué iba a necesitarla un personaje, concretamente un protagonista? Centrándonos únicamente en la intención del éxito literario, los amantes de los estereotipos sociales contestarían en seguida; porque los protagonistas guapos tienen más éxito. La belleza vende. Es mucho más gratificante leer la historia de una persona atractiva, que se gane el deseo de más de un personaje, una persona de la que el mismo lector podría enamorarse platónicamente con facilidad. Es lo suyo; un héroe guapo. Por supuesto, todos sabemos que esto no es factible; es lo malo que tiene ser un “estereotipador social”, que te salen tantas excepciones por todas partes que tu esquema inicial acaba por ser incorrecto. Pero de los estereotipadores ya hablaremos en otra ocasión.
Basta con echar un pequeño vistazo a las estanterías para darse cuenta de que, saliéndonos de la línea puramente comercial, los personajes sin evidente atractivo físico no tienen peor acogida que los que sí lo poseen. Por eso me chirrían los oídos cuando oigo esa pregunta en boca de mi amigo. Lo peor es que sigue atacando con preguntas peores: “¿Tiene alguna malformación?” (no recuerdo haber comentado nada de eso en la conversación, pero parece que cualquier opción es válida en su terquedad; no le da la gana aceptar que el personaje, simplemente, es feo y punto); “¿Pero se volverá guapo al final?” (casi puedo ver la cara de Betty la fea en sus pensamientos); “Entonces, es como una vía para enviar un mensaje de fondo sobre la superficialidad de la belleza física y la importancia de la belleza interior o algo así, ¿verdad?” (llegado este punto ya dudo si confesarle que mi personaje no tiene una personalidad especialmente atractiva ni admirable y que en la historia no hay ninguna relación amorosa a lo Disney; está tan empecinado que casi temo que se ponga a llorar si se lo digo).
Bueno, éste ha sido el único caso extremo que he presenciado; los demás aceptaban antes los hechos, aunque el “¿Por qué?” inicial era común, y suficiente para exasperarme. Porque considero que los personajes pueden convertirse en algo mucho más interesante, mucho más profundo, si uno no deposita tanta atención en la capa externa y procura sumergirse en el interior. Porque, de esta forma, puedes sentirte alejándote un paso más de la temida trampa, de caer en la red de algún topicazo, de ver a uno de tus personajes, tus “hijos”, convertido en “el típico…” lo que sea… Darte cuenta tú mismo, sin necesidad de críticas hirientes, de que tu personaje posee un esqueleto prediseñado y usado mil veces, vestido con unos tristes harapos cosidos por ti mismo, en un intento de disfrazarlo de personaje original. Sinceramente, prefiero comenzar por crear su propio esqueleto. Los harapos ya vendrán más tarde.
En fin, como veo que me desvío del tema, resumo rápidamente el hilo conductor; no creo que haga falta un protagonista guapo o atractivo para tener éxito literario. ¿El asombro de mi amigo se debe a que no considera que esté dispuesta a escribir una buena novela, un “libro de verdad” como se diría coloquialmente, sino que me limitaré a escribir un fanfiction de longitud indeterminada hasta que se me pase el mono de escribir? ¿Tengo que empezar a preocuparme porque no me toman en serio? La verdad, más que una excusa para reflexionar o para mostrar mi punto de vista protestando por algo, este post lo lanzo desde la perplejidad. Simplemente, no lo entiendo.
En realidad, la hora de luchar llegó hace ya mucho, hace seis años para ser más concretos; el problema está en que no me di cuenta de ello hasta hace muy poco.
Hay personas que sostienen que, si se desea algo con fuerza, si se da todo por alcanzar ese sueño, acabas por conseguirlo; otras posturas más estépticas afirman que nada es seguro, excepto el consuelo de saber que lo has intentado. Sea cual sea el punto de vista, ambas comparten un postulado; si quieres algo, si de verdad lo quieres, has de actuar.
Y el problema de la gente demasiado soñadora, como yo, es que a menudo nos dejamos llevar. Podría aplicarse en muchos sentidos, pero ahora mismo me refiero a dejarse llevar en el tiempo, a dejar que éste transcurra sin pena ni gloria. Nos olvidamos... Bueno, creo que es injusto usar el plural en una confesión como ésta. Me olvido de que, realmente, conseguir mis propósitos, ser la persona que quiero ser depente en gran parte de mí misma. De que, sean breves o duren milenios, todos los viajes comienzan dando el primer paso. Es algo tan sencillo, tan asimilable, que lo olvidé. Y dejé pasar el tiempo entre excusas y quehaceres, experiencias nuevas y otros proyectos... En realidad bastaría con decir "excusas"; el resto puede catalogarse de esa forma.
En fin, mejor tarde que nunca; al menos puedo decir que este tiempo de "paro" me ha servido para madurar un poco más y ver las cosas desde otra perspectiva. Y eso me va a servir como impulso, como sustento, para lanzarme ahora al campo de batalla, a perseguir mi meta.
Desde que me di cuenta (gracias a mi tutora de primero de E.S.O. a la que, aunque no lo sepa, le estaré eternamente agradecida por abrirme los ojos) de que mi mayor anhelo era ser escritora, siempre he vivido amordazada por las inseguridades, por el miedo. Me refiero, por supuesto, a todos esos miedos que sienten los escritores noveles arropados en la inexperiencia; el rechazo, la falta de inspiración, la llegada del posible día en que ese sueño se vea definitivamente frustrado. Por suerte, esa inseguridad no ha afectado realmente a lo que escribo. Me alegra darme cuenta de que ese "problema por solucionar" no me impide abrirme a la hora de escribir, no me obliga a expresarme y a crear historias conforme a la crítica.
Pero someterse al letargo de la inseguridad, al refugio del no hacer nada, a pesar de asegurarme bienestar a corto plazo, me horroriza. Me aterra el final que puede ofrecerme ese refugio, un final apático y frustrante. He decidido pasar, de una vez por todas, a la acción. Voy a trabajar duro, a sufrir caídas y humillaciones, a levantarme a base de fuerza de voluntad. Porque ya va siendo hora de superar esa asquerosa inseguridad. Porque quiero poder decir, no con la boca pequeña sino alto y claro, "al menos sé que lo he intentado".
A éste tipo de posts suelo llamarlos "discursos antes de la batalla", he ahí el porqué del título. Puede parecer repetitivo y cargante al ser leído pero... ¡qué bien sienta escribirlos!
¡Es hora de luchar, joder!
PD: llegué a pensar que había abandonado el blog, pero al parecer sigue vigente (sí, ni siquiera yo sabía qué iba a ser del blog de una cucaracha). Me siento culpable por ponerme a resucitarlo cuando más trabajo tengo por terminar XP
PD numero 2: No puedo pasar sin poner esta cancion: